
Recuerdos y rostros que marcaron cada instante las instalaciones del centro particular Perpetuo Socorro dando paso a armar cada día historias peculiares y una que otra novedosas y fascinantes, un lugar donde se cita emociones diversas, entre la alegría y la tristeza; la distancia entre ambas puede ser cuestión de minutos y cambiar la vida de muchos estudiantes.

Miércoles 1 de marzo de 2006. Siete de la mañana todo se sucintaba en las propias instalaciones del colegio, pues para ser mucho más precisa fue en el patio principal donde se dio inicio a la apertura de los tradicionales años académicos, en donde los discursos eran infaltables: sino eran los discursos de la Directora, era los del Subdirector o para gran suerte de todo el alumnado era ambos. Pese a ello, para muchos de nosotros era casi una rutina singular que muy pronto tendría que culminar.
Cada día, todo un batallón de alumnado iba en busca de esa formación perpetuosocorrina que siempre se caracterizó por ser de alta exigencia académica, con mucha responsabilidad y con un gran sentido del orden y puntualidad. No obstante, como en todo colegio ha de pasar alguna situación similar. El Perú no podía ser la excesión, que al iniciar los estudios, bueno mejor dicho cuando somos pequeños siempre soñamos con crecer y acabar lo más pronto posible los estudios, pero cuando sin darte cuenta la vida pasa tan veloz que en muchas oportunidades quisieras retroceder el tiempo y de pronto ya estás cursando el quinto año de secundaria (concluyendo con tu etapa escolar), pues a mi me sucedió y tal vez a usted también.

El último año de cole
Yo ya con la comodidad y seguridad de ser parte de la promoción 2006 “Bodas de Oro Bryan Zarate Jiménez” nombre que por cierto fue elegido por todos los integrantes de todas las secciones de la promoción por el reconocimiento, gratitud y amistad a nuestro y querido que en vida fue más que un compañero, más que un amigo fue casi casi un hermano de todos. Bryan se que desde arriba nos estas mirando, sonriendo y dándonos aliento.
Francamente el colegio era una rutina en la que me veía sumergida de lunes a viernes en clases, pero en quinto aproximadamente a mediados del año 2006, casi para culminar me di cuenta que era, es y será lo mejor que ha alguien le puede suceder, en ella te formas como persona y construyes lazos de amistad tan fuertes que no se romperán a pesar de la distancia. Esa etapa nunca la olvidaré sobre todo porque conocí a muchas personas e incluso algunas que llegaron a marcar mi vida. Y porque no mencionar a grandes personajes que no solo cumplían con su labor de formarnos sino que llegaron a ser parte de nuestra segunda familia. Simplemente teníamos que esforzarnos para ver que detrás de ellos se podía encontrar a un aliado. Los profesores también me ayudaron en esos eternos años que me parecían que nunca iban a llegar, pero en esos instantes todos estábamos apenados y empezamos a sentir nostalgia de aquellos buenos momentos compartidos, pues sabemos que nunca más volverán. Pero la vida continuaba y teníamos que seguir disfrutando cada instante como si fuese el último porque sabemos que todo en esta vida se acaba, excepto algunas cosas ¡claro! Como la amistad o el amor.

Los cubículos donde se prestaban para las clases se llamaban salones, treinta y dos eran aproximadamente, son como pequeños escenarios donde se condensan los instantes que daban lugar a la esperanza y dicha en la unidad del colegio. Me refiero que a cada aula, para cada alumno significaba mucho tal ves la mayoría compartan con mi humilde opinión, alegría, júbilo, felicidad, etc., pues como tengo entendido un mínimo porcentaje de mis compañeros repitió el año. De cada salón un promedio de 3 a 5 eran los desafortunados. El colegio constaba con 4 salones de quinto, en donde la sección A tenía 36, el B 35, el C 36 y el D 32 alumnos.

La primera cara de la moneda la formábamos aquellos que nos esforzarnos por estudiar todo el año escolar (los dichosos y felices con la recompensa); no solo de haber pasado el año sino de haber obtenido buenos promedios , mientras que la segunda cara la conformaban aquellas personas que durante el año académico se la pasaba realizando cualquier otra cosa menos estudiar (los desdichados doblemente porque no aprobaron el año sino que perdieron la oportunidad de tener una noche fantástica, pues me estoy refiriendo que nada más a la Fiesta de Promoción que se realizo en el Mochica de Moche a las 9 de la noche). En aquella noche hubo de todo, no exagero pero todos los que habíamos asistido tanto maestros, alumnos, padres y la diversas parejas de promo que se daban cita ahí gozaron desde el inicio del evento. Debido a que tal vez para muchas chicas fue un golpe de mala suerte quizá el taco, en fin lo que hubiese sido simplemente les toco y tuvieron que afrontarlo. Quizá más de una con ese temor ya no quería desfilar en la pasarela, pues todas estábamos con ese nerviosismo de hacer el ridículo frente a una muchedumbre de gente que para colmo era más que conocida. Por suerte yo no fui parte de ella.


